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21 nov. 2010

Virgen del Quinche: Nuestra Señora de los Sin Papeles

Acabo de llegar de la celebración ecuatoriana en Madrid de la Virgen del Quinche, una de las vírgenes a las que más devoción se tiene por todo Ecuador. Según me cuenta el Dj Garlin, que ha venido a ponerle música a este evento, cada mes de noviembre los devotos de esta virgen caminan desde la ciudad de Quito y alrededores hasta Quinche. Poniéndolo en perspectiva, la peregrinación es algo comparable a la que se realiza en España hacia la Virgen del Rocío, la diferencia es que en el país andino la Virgen se encuentra a una distancia de tres altos montes que los ecuatorianos deben atravesar con gran esfuerzo. 


La veneración de la Virgen surge en Ecuador en el año 1587, en la comunidad indígena de Oyacachi, y ya en 1604 la imagen de esta virgen fue trasladada al poblado del Quinche, nombrado en 1985 como Santuario Nacional. En España su celebración surgió en 2001 en la Parroquia de San Franciso Javier, en el barrio de La Ventilla, distrito de Tetuán. Dos años más tarde los jesuitas de Quito donaron una talla  de la Virgen del Quinche, una réplica idéntica a la original, que se puede venerar en dicha parroquia. La Virgen, que llegó a España en un momento en que muchos ecuatorianos venían sin permiso ni documentación, se convirtió rápidamente en un símbolo de la emigración y los ecuatorianos se acercaban a ella para pedirle, entre otras cosas, que les ayudara en su proceso de obtención de papeles. De ahí que haya recibido el nombre de "Nuestra Señora de los Sin Papeles". 


Hay otra razón más para que esta virgen haya recibido el nombre de "patrona de los Sin Papeles": En el barrio de La Ventilla de Tetuán existen multitud de asociaciones que ayudan a los inmigrantes en su proceso de legalización, entre ellas, Pueblos Unidos, una de las más activas. El padre Daniel Izuzquiza, perteneciente a esta asociación, fue quien se encargó de oficiar la misa en honor a la Virgen del Quinche hoy. En su sermón nos habla de la dureza de la inmigración, de la distancia con las familias, de la represión policial, de un vecino ecuatoriano que ha pasado la noche en el calabozo porque no tenía papeles, de otro vecino a quien acaban de operar y no pudo acudir a la fiesta por encontrarse en el hospital. 


El padre Daniel y otros vecinos y asociaciones de Tetuán ayudan activamente a los inmigrantes en su proceso de integración, aunque yo prefiero evitar esta palabra y cambiarla por la de convivencia, porque el primer término supone que existe una cultura "a la cual" hay que amoldarse y no "con la cual" hay que convivir. Esta idea no se me va de la cabeza cuando entro en el amplio recinto de la fiesta. Son miles los ecuatorianos que llenan la Iglesia de San Francisco Javier, mientras los españoles los puedo contar con los dedos de la mano. Al menos entre ellos descubro a Quico, un periodista, el único periodista presente, que ha venido desde El Mundo. Lo acompaño mientras entrevista a los protagonistas del día y le cuento un poco de Tetuán, de la Ventilla y de la fiesta de hoy.


Entre otras cosas, le cuento cómo desde las 10 de la mañana las calles de La Ventilla se llenaron de color y alegría con la procesión en honor a la Virgen del Quinche. Después de la procesión comenzaron los bailes y saludos a la Virgen. Los "Yumbos" de San Isidro del Inca, lanza en mano, se abrazan y dan saltos en línea en señal de paz, los "payasos" y los "Capariches" de Rumiñahui (un barrio de Quito) corren de un lado al otro, en círculo, con careta y peluca, se abrazan, sacan a la gente a bailar, se mezclan con los invitados a la fiesta, los "negros" traen a una niña para que recite poemas a la Virgen, los "monos" controlan que todos lleven bien el ritmo... son sólo algunas de las figuras del ritual en honor a esta virgen ecuatoriana.


Mientras unos bailan dentro del recinto, afuera se oye el grito que anuncia los dulces, la comida caliente: "espumita de guayaba", gritan unas, "morocho, morocho" se oye por allá. Saco mi euro, compro un dulce morocho calentito, me lo llevo a la boca. Observo desde la distancia el ritual festivo, enmarcado por las persianas grises del colegio, las líneas pintadas en el suelo de la cancha, la red de la portería de fútbol, las oscuras rejas que lo encierran todo. Otro sorbo de morocho. La mezcla de colores, los ritmos, el olor de los dulces ecuatorianos, me trasladan por un momento a los Andes y entonces cambio el marco. Me los imagino a todos rodeados de los verdes montes andinos y de repente comprendo lo que es la distancia, la nostalgia, la falta de papeles, el dolor de la familia lejana... en ese mismo instante comprendo lo que es ser inmigrante.  


Si quieres ver más fotos de la Celebración, pincha aquí: VIRGEN DEL QUINCHE




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