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18 mar. 2013

La espiral de la degradación o mi visión tremendista de la crisis

Muchos diréis que soy tremendista, o incluso pesimista. Es posible, pero aún así tendré que decirlo: hemos entrado en una espiral de degradación. No tengo la capacidad ni los suficientes datos para realizar un análisis en profundidad de las causas, pero para señalar los efectos no es necesario realizar una investigación profunda. Se ve en las calles, forma parte de nuestro día a día.

La creación de este blog y la razón por la que yo misma soy una bloguera fue el derrumbe de un edificio de cuatro pisos en la zona de Estrecho. El derrumbe, que se produjo debido a la combinación de las excavaciones para un nuevo edificio de viviendas y la lluvia incesante de semanas, además de ser el detonante de este blog, lo veo ahora como una metáfora de todo lo que vendría después: la caída de la Bolsa, la prima de riesgo, las protestas en las calles, el caso Bankia, los desahucios, la corrupción política, los recortes en Sanidad y Educación... 

Mientras todo eso iba afectando a la España en que vivimos, en Tetuán vivíamos nuestra propia realidad de barrio popular: empezaron a llegar los derrumbes y las demoliciones de casas que llevan casi un siglo en el barrio, los solares abandonados que como caries infecciosas cercenan nuestras calles, las ocupaciones de espacios invivibles por familias sin recursos, hacinadas, sin agua ni luz ni los mínimos medios higiénicos para que un niño se críe sin enfermar. 


Más tarde llegaron los apagones, que llevamos dos años sufriendo sin ninguna explicación una noche sí y otra también, el aumento de basuras en las calles, la suciedad en los jardines, el abandono de obras comenzadas que parece que nunca terminarán...  

Con los primeros problemas de mantenimiento empezaron a llegar las primeras protestas y también los primeros grandes recortes, esos que se cebaron en los colectivos sociales y en la inversión en infraestructuras. Siguieron más protestas, se sumaron los desahucios, se multiplicaron los traperos, chatarreros y todo tipo de oficios de la busca... y llegaron los incendios. A razón de casi uno por mes, los incendios por mala combustión de las estufas o por una hoguera incontrolada, ya casi no son noticia en nuestro barrio.

Las ocupaciones de solares y edificios abandonados forman ya parte del paisaje cotidiano de Tetuán. Hasta tal punto convivimos con ellos que ya a nadie le llama la atención. Pero no solo se ocupan solares, también plazas. Lo que debería ser sitio de reunión de familias y vecinos en ocasiones ha terminado por convertirse en espacio de ambiente marginal por donde ya nadie quiere pasar. Y con ello, estamos perdiendo el poco espacio público que nos quedaba. 

A las ocupaciones de espacios abandonados y de plazas públicas se suma un fenómeno que últimamente me está alarmando: la mendicidad. ¿Os habéis dado cuenta de cuántos mendigos hay viviendo en nuestras calles últimamente? Llegan una noche y convierten el portal de una tienda en su nueva vivienda. En el recorrido que hacía antes del metro a casa veo tres cada día. Ya son cotidianos del barrio, un vecino más. Se han hecho su pequeña tienda de campaña con cartones y mantas y sobreviven Dios sabe cómo. Cada día son más.

Derrumbes, demoliciones, suciedad, apagones, basuras, solares abandonados, ocupaciones, desahucios, chatarreros, incendios, mendicidad... forman parte de una espiral de degradación que, como si siguiera una ley de la Física, se acelera cada día y va derivando en problemas mayores: robos, crímenes, racismo y miedo. 

En esta última semana en Tetuán se han producido tres hechos que a una eterna optimista como yo le hacen ver el envés de la realidad de otro color: primero fue la bomba en Capitán Haya que, afortunadamente, fue interceptada a tiempo por la Policía; hace tres días algún desalmado lanzó un cóctel molotov al solar donde vivían dos hombres extranjeros, lo que provocó el incendio de todas sus pertenencias y el ingreso en el hospital de uno de ellos; anoche un hombre fue alcanzado por tres impactos de bala en una calle por la que paso todos los días... 

Uno diría que son hechos aislados o que es pura casualidad pero a mí hoy se me antoja que todo esto forma parte de la espiral de la degradación: empieza por basura y apagones y termina en la criminalidad, empieza en barrios más pobres y densamente poblados y termina por extenderse a todas las zonas de una ciudad.

Tres años más tarde, donde vivían una decena de familias sigue existiendo un abismo que se precipita en un hueco yermo, y al igual que el derrumbe de las viviendas me parece una metáfora de todo lo que ha venido después, esa inmensa zanja se me antoja la metáfora de la distancia que existe entre los ciudadanos y la Administración

Mientras el socavón de la confianza entre unos y otros sigue creciendo, la espiral de la degradación mantiene su velocidad de arrastre, con una aceleración directamente proporcional a la profundidad del foso que estamos excavando bajo nuestros pies.

6 comentarios:

ParafernaliaBlog dijo...

Totalmente de acuerdo Bea. No puedes haberlo explicado mejor y con mejores palabras. Yo también voy observando poco a poco el deterioro. Son pequeños signos pero son reales. Esta misma mañana, en mi calle, transitada y a plena luz del día, han robado a una anciana los pendientes de un tirón.

Es una lástima, y lo peor que en vez de atacar el problema de raiz, solo solucionan los hechos visibles.

David Pallol dijo...

Yo también estoy de acuerdo contigo, tu artículo es muy oportuno, hace tiempo que también vengo observando esta 'espiral de degradación' que cada día es más evidente.

Veremos dónde para todo esto, porque yo, al contrario que tú, soy más pesimista. Esta espiral va a velocidad de crucero y arrastra cada día más restos de naufragio.

España se ha empobrecido dramáticamente en pocos años y es como entrar de nuevo en ese bucle de miseria y atraso del que solo hemos salido fugazmente durante unos años de euforia loca que al final solo han servido para abismarnos de vuelta en el que parece ser nuestro sitio natural, porque vuelves a toparte en la calle con escenas que parecen de posguerra.

Hoy mismo un señor anciano en la calle, fingiendo una dignidad que a duras penas vencía su vergüenza, me ha pedido unos céntimos para coger el bus porque según él 'tenía una suplencia'.
Era una excusa, por supuesto, pero iba muy elegantón para no parecer un mendigo. Pero a poco que te fijaras era un elegancia desastrada, con la puntera de un zapato rota, ropa vieja y un portafolios de cuero que había conocido mejores tiempos... Me ha dado muchísima pena.

Y esta ha sido la triste estampa de hoy. Veremos mañana con cuál me encuentro... Porque, como tú bien dices, es un suma y sigue a ritmo exponencial. Y lo malo es cómo este proceso imparable afecta al conjunto de la sociedad: muchas de sus consecuencias ya las estáis sufriendo en el barrio.

Excelente reflexión, Bea.

Bea Burgos dijo...

Lo que es excelente es tener lectores de lujo en este mi humilde blog... muchas gracias chicos por comentar!
David, qué pena la anécdota que cuentas de este hombre... a ver si la primavera trae aires nuevos y nos levanta el ánimo, ¿no?
Besos a ambos,
Bea

María del Carmen Ugarte García dijo...

Buen y enlazado artículo sobre hechos, lugares y gentes que nos resultan familiares. Pasamos por ellos todos los días.

Anónimo dijo...

Ni a irse ni a quedarse,
a resistir,
aunque es seguro
que habrá más penas y olvido.

Juan Gelman

Gonzalo dijo...

Y en el solar de la casa que se derrumbo sigue sin construirse una nueva, estarán contentos los antiguos dueños